ChatGPT no irá al juzgado por ti.
En las últimas semanas he tenido conversaciones que me preocupan. Propietarios convencidos de que han encontrado el atajo definitivo: vender su casa sin agente, apoyándose únicamente en ChatGPT y bots de WhatsApp.
La idea suena fantástica sobre el papel. Por 20 euros al mes, una IA te redacta textos persuasivos, te hace home staging virtual y un asistente responde 24/7. Visto así, parece que los consultores hemos muerto.
Pero hay una parte de la historia que no se suele contar.
Lo que el comprador nota en el primer minuto.
Cuando un inversor te llama. Había visto un piso gestionado íntegramente por un bot. El precio era atractivo. Pero necesitaba saber tres cosas: derramas aprobadas, antigüedad del ascensor, y si la comunidad permitía alquiler vacacional.
El bot respondió tres veces con el mismo mensaje genérico. El inversor compró otra casa. El propietario nunca supo por qué perdió la operación.
Los compradores reales detectan al instante cuándo están tratando con un sistema automatizado operado por un particular. Y huyen.
¿Dónde están las garantías?
Aquí llegamos al punto crítico del que casi nadie habla: la IA no asume riesgos penales ni civiles.
Usas ChatGPT para redactar un contrato de arras. El algoritmo alucina. Omite una carga registral. Se equivoca en el tipo de ITP. Ignora un problema urbanístico.
La demanda no se presenta contra OpenAI. La demanda se presenta contra ti. Y Hacienda no acepta como excusa que "lo puso ChatGPT".
La IA no va al juzgado por ti. No te indemniza si la operación se cae. No devuelve las arras por duplicado.
El lado humano del cierre
Crear descripciones bonitas y automatizar respuestas es trabajo administrativo. El cierre real exige algo más profundo: filtrar al 80% de los curiosos antes de que pisen tu casa, leer el lenguaje corporal en la mesa, saber cuándo pedir la contraoferta en los 10 segundos críticos.
La tecnología es una herramienta extraordinaria. El uso a diario. Me ayuda a tasar, a informar, a programar.
Pero la IA es mi adjunto, no mi reemplazo.
El día que un bot se siente en la mesa con un comprador nervioso, lea sus microgestos y ponga su patrimonio en la cláusula de responsabilidad civil, ese día me jubilo.
Hasta entonces, vender una casa con seguridad sigue siendo, y será siempre, un deporte de contacto humano.
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